Arquivo do blog

terça-feira, 20 de fevereiro de 2018

quarta-feira, 7 de fevereiro de 2018

«Conocer la unidad del Misterio entrando dentro de él», es el objetivo de Divo Barsotti

Todos los grandes maestros de espiritualidad insisten en la importancia de la contemplación para dar calidad a la propia vida. «Los frutos mejores de la predicación proceden de la contemplación», dice Santo Tomás. «Entréme donde no supe y quedéme no sabiendo toda ciencia trascendiendo», declara Juan de la Cruz. «Porque no el mucho saber harta y satisface… sino el gustar de las cosas internamente», afirma Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales. «Conocer la unidad del Misterio entrando dentro de él», es el objetivo de Divo Barsotti… Son algunos ejemplos que nos invitan a tomar en serio el tema de la contemplación. Nosotros lo hacemos dejándonos guiar, en este significativo 2015, por nuestros dos santos centenarios: Teresa (1515-1582) y don Bosco (1815-1888). leer...

el fundador, fratel Carlo dell’Addolorata (de la Dolorosa), empujado y ayudado por su padre espiritual Don Divo Barsotti

http://www.confrancesco.it/es/nuestra-historia/NUESTRA HISTORIA

La Fraternitá di Santa Maria degli Angeli (Fraternidad de santa María de Los Ángeles), inicialmente nació bajo el nombre de “Comunidad  San Damián”, teóricamente en 1986, cuando el fundador, fratel Carlo dell’Addolorata (de la Dolorosa), empujado y ayudado por su padre espiritual Don Divo Barsotti, regresó después de muchos años a Sicilia para poner en las manos de Dios el proyecto que se siente en el corazón: comunión fraterna en una comunidad de carácter contemplativo, pero al mismo tiempo abierto a la predicación y proclamación del evangelio al estilo de la vida Franciscana de los primeros años y especialmente en los pasos del Cristo de los Evangelios. 
 
 Empieza sin embargo a realizarse en 1990 después de un largo tiempo de vida eremítica y solitaria. El 19 de marzo de 1990 un pequeño grupo de hermanos empieza a vivir en la periferia de Canicattini Bagni en oración y soledad.

“Sólo después de haber construido el fundamento de la verdad…” de Divo Barsotti



A mi venerable edad quizá no empuñaré más la pluma, o quizá la empuñaré, no sé. Pero,  aunque con gran fatiga ahora, querría aprovechar la bella ocasión que se me ofrece, y dar a conocer en algún trazo mínimo mi pensamiento sobre un católico verdadero querido para mí como fue Romano Amerio.

Me ha impresionado de hecho, de este libro de Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, cómo y cuánto el autor ha sido capaz de resumir en pocos conceptos -incluso quizá en un concepto solo-  la sustancia de la filosofía y de la opinión de un escritor como Amerio que, especialmente con su famoso libro “Iota unum”, tanto molestó a las conciencias católicas.

La lectura del libro de Radaelli, que es la primera monografía que se tenga sobre Amerio, me ha atraído desde el título: hablar de Romano Amerio -parece decir- es hablar de un orden de la verdad y de la caridad, donde la primera está unida a la segunda, pero la precede. Amerio dice en sustancia que los más graves males presentes en el pensamiento occidental,  incluido el católico, son debidos principalmente a un general desorden mental por el cual se pone la “caritas” delante de la “veritas”, sin pensar que este desorden mental pone patas arriba también la justa concepción que deberíamos tener de la Santísima Trinidad.

La cristiandad, antes que se afianzara en su seno el pensamiento de Descartes, había procedido siempre santamente haciendo preceder la “veritas” a la “caritas”, así como sabemos que de la boca divina de Cristo expira el soplo del Espíritu Santo y no al revés.

En la carta con la cual Amerio presenta al filósofo Augusto Del Noce aquello que será después el célebre “Iota unum”, explica claramente el fin para el cual lo ha escrito, que “es defender las esencias contra el mobilismo y el sincretismo propios del espíritu del siglo”. O sea defender a las Tres Personas de la Santísima Trinidad y sus procesiones, que la teología enseña que tiene un orden inalterable: “En el principio existía el Verbo”, y después, respecto al Amor, “Filioque procedit”. O sea el Amor proviene del Verbo, y nunca al contrario.

De rebote Del Noce, evidentemente impresionado por la profundidad de las tesis de Amerio, anota: “Repito, quizá me equivoco. Pero me parece que la restauración católica de la que el mundo tiene necesidad como problema filósofico último el del orden de las esencias”.

Veo el progreso de la Iglesia a partir de aquí, del retorno de la santa Verdad a la base de todo acto.

La paz prometida por Cristo, la libertad, el amor son para todo hombre el fin que hay que alcanzar, pero hace falta llegar allí sólo después de haber construido el fundamento de la verdad y las columnas de la fe.

Por tanto -como dice Amerio- partir de Cristo, de la verdad sobrenatural que sólo Él enseña, para tener por Él el don del Espíritu Santo con el cual siempre Él, el Señor, nos da vida y fuerza, y salir a situar por último el arquitrabe de la “caritas”.

 Romano Amerio era un laico, un laico que conoció al Señor. Conoció el Credo evangélico y se convirtió en testimonio cristalino de él. He tenido siempre la impresión -incluso no habíendolo conocido en persona- de haber visto en él un verdadero cristiano, que no ha tenido nunca miedo de afrontar los temas más trabajosos de la Revelación.

Aquello que maravilla -y es su verdadera grandeza- es que incluso siendo un laico él es un verdadero testigo. No es un teólogo, no es un hombre de religión, sino uno que ha tenido de Dios el carisma de ver aquello que está implícito en la enseñanza cristiana. Él lo siente, y acepta este papel. Hace cuanto el Señor le inspira.

Toda la cristiandad tiene motivo para dar gracias a Dios por Romano Amerio, que en estos tiempos difíciles ha hablado tan claramente de los fundamentos de la Revelación. Me ha maravillado siempre el conocimiento que Amerio tiene del carisma que Dios le dio. Por este carisma, y por el regalo que él humildemente hace de él, Amerio permanece en la Iglesia como una figura de primer plano. leggere...

__________

El libro: Enrico Maria Radaelli, “Romano Amerio. Della verità e dell’amore”, Marco Editore, Lungro di Cosenza, 2005, pp. 344

terça-feira, 6 de fevereiro de 2018

La doctrina espiritual del Staretz Silouan ,Teófano el Recluso , San Serafín de Sarov, Divo Barsotti

source


Teófano el Recluso 

Su vida

Jorge  Vasilevitch Gorovof nació el 10 de enero de 1815 en Cernavsk, provincia de Orel, de una madre piadosísima que lo educó en la piedad desde sus primeros años. Pasó de la escuela eclesiástica al seminario y del seminario a la célebre academia eclesiástica de Kiev. Durante estos años sintió más viva en su corazón la llamada de Dios a la soledad y a la clausura. Se hizo monje y cambió su nombre por el de Teófano en 1841. Fue ordenado sacerdote y recibió en seguida encargos y misiones de grave y delicada responsabilidad, que lo preparaban para la dignidad episcopal, que habría de recibir más tarde. Fue, en primer lugar, inspector de la escuela eclesiástica y en 1857 rector de la escuela eclesiástica de San Petersburgo. El fundamento de la educación era para él el amor; los medios, la Iglesia y los sacramentos. Teófano fue un gran educador y supo conquistar el amor de sus discípulos; por otra parte, sentía profundamente la belleza de su misión. "La educación es la más santa, entre todas las demás obras santas", decía con frecuencia. Peregrinó a Jerusalén, en donde permaneció durante algún tiempoencargado de la atención espiritual a los rusos, que acudían en gran número para venerar los santos lugares. Fue elevado al episcopado en 1859, siendo obispo de Vladimir durante tres años y de Tambov durante cuatro. Fue un verdadero pastor de almas en medio de un pueblo casi pagano, sumamente ignorante de Dios. Paradar ejemplo a su clero, se dedicó con toda su alma al apostolado y, especialmente, a la predicación. Sencillo en su vida privada, hacía alternar el estudio con la oración; para descansar, trabajaba en el banco de carpintero o en el torno, gozando también mucho cuando contemplaba el cielo estrellado con el telescopio. En su vida de obispo, procuró ir haciendo cada vez más familiares e íntimas sus relaciones con los fieles y no quería que ningún obstáculo impidiese que el pueblo pudiese acercarse a él; le gustaba también mezclarse con frecuencia entre los fieles, amándolos con una entrega total y un afecto de padre.leer...

DIVO BARSOTTI, MONACATO Y MÍSTICA ,PP 64

 Las  as personas no pueden decidirse a hacer algo sin proponerse un fin para su acción. Se sienten terriblemente incómodas si sus acciones son inútiles. Pero si todo lo que hacen tiene un fin, ¿será posible que la vida en sí misma tenga un fin propio? ¿Tiene la vida un propósito? Si las personas alcanzaran ese fin durante su vida, después de haberlo alcanzado, llegarían a una situación de vacío en el que la vida ya no tendría más sentido. El fin de la vida, si es que debe haber alguno, debe estar más allá de la vida. El fin de la vida terrestre Es precisamente por esto por lo que las personas de hoy sienten una angustia profunda. ¿Hay algo más allá de esta vida? ¿Cómo se puede alcanzar un fin si la muerte es el fin? En un mundo como el de hoy, en que no se reconoce otra realidad que la de las cosas visibles, no puede desde luego haber una vida más allá de la vida. Así, pues, las personas contemporáneas viven la angustia de una existencia que no tiene mayor sentido ni lleva a ninguna parte. Se vive para la muerte y la vida se vuelve absurda. Pero, ¿habrá algún modo de soportar el peso de semejante condición? Para escapar del absurdo de una vida L — 6 — que no tiene ningún fin, las personas alargan el plazo de vencimiento de la deuda y buscan en la historia un sentido a la vida. Pero la historia, antes que dar un fin a la vida de la persona como individuo elimina a cada persona y favorece un “espíritu universal”. Las personas han perdido la fe en su inmortalidad y no saben ni siquiera adonde les lleva su camino. Se ha perdido el objetivo, las personas se han perdido y solo viven su propia condenación. La única posibilidad para continuar viviendo es la droga: olvidar, no querer pensar, dejarse llevar por los acontecimientos sin preguntarse los porqués, vivir la inocencia animal liberándose un deber consciente, de una voluntad ordenada a un fin, para abandonarse al instinto animal. Las personas viven, ciertamente, pero no como humanas. leer...

terça-feira, 16 de janeiro de 2018

Padre Divo Barsotti: “O mistério da nossa Ascensão”


“O mistério da nossa Ascensão”: 
meditação do Pe. Divo Barsotti

“A nossa ascensão a Deus implica um escondimento de nossa parte, o nosso desaparecimento. Quanto mais o homem se dirige para Deus, tanto mais se esconde na humildade."
Equipe Christo Nihil Praeponere26 de Maio de 2017
imprimir
O texto que tornamos disponível a seguir recolhe uma breve meditação do Padre Divo Barsotti, proferida no dia 6 de maio com o título de "O mistério da nossa Ascensão". Divo Barsotti é, sem dúvida nenhuma, um dos místicos mais significativos do século XX. Com seus ensinamentos foram saciadas muitas gerações de católicos e pessoas em busca de um sentido para a sua vida.
Estamos felizes de poder oferecer este texto numa versão eletrônica para todos aqueles que querem usufruir dele para a própria edificação. Devido à sua extensão — relativamente maior do que as matérias que estamos acostumados a publicar noBlog —, preferimos publicar o texto, na íntegra, em formato PDF. Abaixo, deixamos apenas os primeiros parágrafos desta meditação. Para acessá-lo completo, basta clicar aqui ou nas reticências entre colchetes, ao fim do excerto.
A Ascensão é um mistério muito importante na vida espiritual do cristão porque é a Festa que apresenta o objetivo da nossa própria vida e, por isso, ordena, de alguma forma, o nosso caminho. 

Também a nossa vida espiritual é uma ascensão, um caminho não tanto através do deserto, não tanto uma ascensão ao Sinai, quanto uma ascensão ao Céu, com Jesus. O objetivo do nosso caminho não é mais uma terra além do Jordão, e não é mais o cume do Sinai, é o próprio Seio do Pai, é o Céu, onde Deus se manifesta, onde nós viveremos na visão de Deus. 

Moisés sobe ao Sinai para falar com Deus face a face, como um amigo costuma falar com um outro amigo, diz o Livro do Êxodo. Mas para encontrar-se com Deus, deve ir além das nuvens, de um modo a tornar-se invisível e escondido aos olhos do povo. Moisés vai além da nuvem e Jesus faz o mesmo. A nossa ascensão a Deus implica um escondimento de nossa parte, o nosso desaparecimento. Quanto mais o homem se dirige para Deus, tanto mais se esconde na humildade

Jesus está presente entre nós, a Ascensão não o deixou afastado. Eu estarei convosco até a consumação dos séculos. Jesus está conosco, e não somente como Deus, mas também como Homem. A sua Humanidade ressuscitada da morte está conosco. Ele vive com o homem, na verdade, vivendo com o homem, e vivendo com o homem na glória que lhe pertence como o Filho Unigênito. Ele permanece escondido a todo olhar: a sua Ascensão gloriosa o subtrai da nossa vista. Na medida em que esta Humanidade se torna participante da vida divina, das propriedades próprias da Divindade, esta Humanidade se esconde, torna-se invisível. Não é que Ele não viva, mas se subtrai a nós de modo a não mais viver conosco, não, Ele vive e é, pelo contrário, a vida do mundo. Ele vem e mora entre os homens, mesmo que ninguém o descubra, mesmo que ninguém o veja, escute: neste silêncio Ele vive! Em um silêncio assim Ele permanece escondido. 

Assim a vida humana: quanto mais a alma se eleva, na medida em que se eleva, entra na nuvem; na medida em que a alma se eleva para Deus, subtrai-se das experiências sensíveis; na medida em que a alma entra em comunhão com Deus, ao mesmo tempo, praticamente se dissipa diante dos olhos dos homens. Quanto mais uma alma é santa, tanto menos se pode dela falar; dos maiores santos se pode dizer bem pouco. Bem pouco se pode dizer da própria Virgem Maria, a Santa dos Santos; mas pouco se pode dizer também de São João da Cruz e de Santa Teresa do Menino Jesus. Eles viveram constantemente na luz de Deus, e a luz de Deus os envolve e os esconde. A divina Presença subtrai estas almas de toda relação com as coisas: não vivem mais na superfície, mas estão mergulhadas no Abismo. Como o mar: agita-se na superfície, mas no profundo permanece imóvel. E a alma é assim também.